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MILES DAVIS, LIVE AT THE PLUGGED NICKEL, 1965


Miles Davis

A mediados de la década de los sesenta del pasado siglo, el trompetista Miles Davis se enfrenta a una de las grandes crisis de su turbulenta existencia, uno de esos momentos de inflexión que jalonaron su vida y su carrera y de los que siempre salió victorioso y reforzado, dispuesto a protagonizar una nueva revolución en la historia de la música.

En los cincuenta fue su adicción a la heroína la casi acaba con su vida y su carrera, pero en un épico acto de voluntad, fue capaz de superar su brutal adicción por sí solo, alzándose como un líder carismático, una personalidad adorada no sólo por sus indudables méritos musicales, sino también por su controvertido carácter, su intransigencia, su desdén hacía críticos y seguidores, su indudable atractivo físico y su vestimenta a la moda. Así a lo largo de los años, fue labrando una seductora imagen de rebeldía que rayaba la hostilidad. Guapo y elegante, siempre bien vestido, airado, desdeñoso ante cualquier halago. Tal vez sea mejor recordar como se describía él mismo como "un rebelde, negro, inconformista, frio, airado, sofisticado y ultra limpio. Yo era todas esas cosas y muchas más..."

Su primer gran quinteto de los cincuenta con John Coltrane, Red Garland o Wynton Kelly, Paul Chambers y Jimmy Cobb, se había disuelto a principios de la década de los sesenta, dejando a Davis en la encrucijada. Sin embargo, en su inquietud, en su afán de modernidad, con ese increíble olfato musical que le hizo saber rodearse de los más brillantes, creativos y prometedores músicos en cada una de las etapas de su carrera, consigue reunir y consolidar su segundo gran quinteto, el denominado quinteto pre-eléctrico.

El nuevo gran quinteto que empieza a configurarse discográficamente hablando en el álbum de 1963, Seven Steps To Heaven, debuta en su formación definitiva con el disco grabado en enero de 1965, E.S.P., con Wayne Shorter al saxo tenor, Herbie Hancock al piano, Ron Carter al bajo y Tony Williams a la batería.


La rítmica formada por Hancock, Carter y Williams, parecía tener, en palabras del biografo de Davis, Ian Carr, una variedad inagotable de maneras de crear y liberar tensión, de expandir y contraer el espacio. Y eso es lo que necesitaba Davis, nuevos conceptos que espolearan su creatividad y le llevarán un paso más allá.

Pero, para aquellos entonces, todo parecía desintegrarse en la vida de Davis. La anemia calciforme que padece y que afecta a su cadera le lleva al quirófano tras la grabación del álbum. Varios meses en el hospital, colmaron la paciencia del trompetista que en julio de 1965, decide abandonar el Hospital, con el resultado de que, una caída en su casa en el mes de agosto, hace necesaria una nueva operación.

Por otra parte, en su vida, han regresado las drogas y el alcohol, llevándole a un estado de paranoia que dinamita la relación con su esposa, la bailarina Frances Taylor, el amor de su vida, la "mejor esposa que haya tenido", como la califica el propio Davis, que tiene que abandonar su casa, temiendo por su propia vida, ante los delirios, obsesiones y episodios violentos protagonizados por el trompetista.


Así que, entre unas cosas y otras, Davis lleva prácticamente nueve meses sin tocar cuando se produce la aparición de su banda en el Club Plugged Nickel de Chicago a finales de diciembre de 1.965. En el mes de noviembre ya había actuado en el Village Vanguard de Nueva York y a partir de allí comienza la gira que le lleva a Chicago, a finales de aquel año. Las actuaciones de la banda los días 22 y 23 de aquel mes de diciembre, un total de siete sets, fueron registradas por la discográfica Columbia. Aunque el día anterior la banda también había actuado en el club, por algún motivo no aclarado, aquellas actuaciones no fueron grabadas

Algo parece recordar Davis de aquellas grabaciones a las que se refiere en su autobiografía de este modo:

" Después de las actuaciones en el Village Vanguard en diciembre, salí de gira hacia Filadelfia y Chicago, donde tocamos en el Plugged Nickel y donde grabé un disco. Eran los días en que Teo Macero reapareció y fue a grabar allí. La Columbia tiene todavía algunas grabaciones hechas entonces que no ha publicado. Pero Ron (Carter) volvió a la banda para aquella sesión y todos tocamos como si no nos hubiéramos separado nunca. No sé si he dicho que siempre he creído que para una banda es beneficioso que sus componentes dejen de tocar juntos de vez en cuando, siempre que sean buenos músicos y tocar juntos les guste. Cuando vuelven a reunirse la música se renueva, es más fresca y esto fue lo que ocurrió en el Plugged Nickel, a pesar de que tocamos el mismo repertorio de antes..."

Y es que, ciertamente, en la fecha en la que se publicó la autobiografía de Miles Davis, la discográfica Columbia, para entonces ya Sony, todavía guardaba en sus archivos las cintas del Plugged Nickel, esperando el momento adecuado. Algunos temas se habían publicado en Japón en dos discos publicados por Columbia en 1976. Más tarde, en el año 1982, se publicó en Estados Unidos un disco doble que recogía también algunas de aquellas grabaciones, pero no fue hasta el año 1995, que Sony publicó la totalidad de los registros de aquellos dos días, en un box set de ocho discos compactos, después de un intenso trabajo de investigación para recuperar la totalidad de las cintas. Varias décadas habría que esperar para poder escuchar aquellos registros olvidados, varias décadas para poder asistir a aquél momento tan especial en la carrera de Davis y del jazz moderno, un documento "emocionante y conmovedor" en palabras del biógrafo de Davis, Ian Carr, un documento tan valioso que de inmediato, tras su publicación, se convirtió en la Biblia del jazz contemporáneo como ha señalado algún crítico. Décadas perdidas ya que sólo podemos imaginar el impacto que estas grabaciones podrían haber causado en el curso del jazz moderno, si hubieran visto la luz en la época de su grabación.



En el Plugged Nickel

Desde luego para sus protagonistas, como veremos, no fue una actuación más entre miles de noches en centenares de clubes, porque guardaron para siempre un recuerdo muy especial de aquella experiencia y es que puede especularse si la música del propio Coltrane en estas mismas fechas, había alcanzado metas mas distantes o incluso si la liberación total planteada por los conjuntos de Ornette Coleman, Don Cherry o Archie Sheep, se sitúa por delante de la música que escuchamos en el club de Chicago. Wayne Shorter ha señalado que la música del quinteto, se sentía más libre que el free jazz, mas vanguardista que la vanguardia. Podemos incluso poner en duda si el inmediato advenimiento del jazz eléctrico, y la consiguiente incorporación al jazz de la instrumentación y los patrones rítmicos del rock, suponen desde un punto de vista estrictamente jazzístico algún avance respecto de la música del Plugged Nickel, en aquellas noches de la Navidad de 1965.  


Lo bien cierto es que asistimos a un gran espectáculo difícilmente superable. Para comenzar los registros, nos sitúan plenamente en el interior de ese club de jazz abarrotado: ruidos de vasos, risas, conversaciones a media voz, exclamaciones de entusiasmo, aplausos y, de vez en cuando, el ruido de la caja registradora, una inmersión total en ese cálido ambiente de club, que los aficionados tanto amamos. Por otra parte, el ambiente en el club era de máxima expectación, como recuerda Wayne Shorter, ya que Miles había cancelado actuaciones allí, en los meses de julio, agosto y octubre.

Así que, en el escenario se encuentra la banda de Davis al completo. El segundo gran quinteto que le conduciría a la era eléctrica.  Sus posibilidades ya se insinuaban en los álbumes Miles in Europe, Four and More y My Funny Valentine, en los que el saxofonista era George Coleman y en Miles en Tokyo, grabación en la que el tenor Sam Rivers sustituía a Coleman, que había abandonado el conjunto. En el disco Miles in Berlin, de 1.963 Wayne Shorter ya se ha incorporado al quinteto y los nuevos derroteros musicales quedan definidos con claridad.

Como antes comentábamos, Miles no llega al Plugged Nickel en las mejores condiciones. Ian Carr, en su biografía de Davis, señala:

"Se percibe que Miles aún no había recuperado del todo su fuerza después de la operación y la larga temporada de convalecencia. Exhibe una heroica fuerza de voluntad espiritual, aunque físicamente sigue débil. Hay destellos de grandeza, pero se oyen largas pausas en sus solos, su sonido es más metálico y menos bruñido que lo habitual y su técnica está un poco desmejorada. Sin embargo y como comentó Gerry Mulligan en esa época, un Miles débil es más elocuente que muchos trompetistas fuertes..."


Tal vez fuera el precario estado de Miles, el que disuadió a los ejecutivos de Columbia de publicar aquellos registros durante tantos años, pero lo bien cierto es que, a pesar de todo, a despecho de los errores, de las imperfecciones, de las notas fallidas, el trompetista se lanza con fiereza y osadía en la improvisación. Es un nuevo músico, que aprende y descubre nuevos caminos, espoleado por los jóvenes músicos de su banda. La perfección del sonido parece resultarle indiferente, metálicos agudos, notas fuera de tono y un lenguaje que se desarrolla en las fronteras de la tonalidad.

La banda

Además de Davis, en esa excepcional banda se encuentra, en primer término, el saxofonista Wayne Shorter, que procedía de los Jazz Messengers de Art Blakey. Era un gran saxofonista, pero también un prodigioso compositor llamado a revolucionar la música de Davis durante los años siguientes, aportando a la banda una buena parte del material que conformaría los históricos registros de estudio que esta banda estaba llamada a producir, el primero de los cuales E.S.P. ya había sido grabado cuando la aparición en el Plugged Nickel, tuvo lugar. Shorter era un músico inquieto, situado en la vanguardia jazzística del momento. El propio Leroy Jones, el gurú periodístico del free jazz, soñaba que Shorter fuera uno de los abanderados de este movimiento musical, planteado mas como instrumento de liberación de los negros que como un fenómeno musical. En cualquier caso, Shorter nunca dio el paso definitivo hacia el free jazz, aún cuando sus improvisaciones tanto en las grabaciones de estudio con el conjunto de Davis, como en el Plugged Nickel, muestran aspectos revolucionarios, en los que Shorter se sitúa un paso mas allá de la ortodoxia improvisativa del Hard Bop, liberándose de las ataduras armónicas y melódicas de los temas, para internarse en exploraciones cuajadas de abstracción y libertad. Ian Carr señala que, en estos registros del Plugged Nickel, Shorter exhibe una técnica brillante y "prácticamente reinventa el vocabulario del saxo tenor" y llega a decir que si las grabaciones se hubieran editado en aquel entonces, es probable que Shorter hubiera ejercido una influencia mayor en otros saxofonistas. También Michelle Mercer señala en su biografía de Wayne Shorter "Footprints", que la aventurera sección rítmica de la banda de Davis, impulsó  a Shorter a algunas de las interpretaciones más brillantes de su carrera en estas grabaciones de Chicago.


Herbie Hancock es otro elemento fundamental de la banda. Frente al elegante pero previsible Wynton Kelly, que le había precedido en la banqueta del pianista en la banda de Davis, los acordes de Hancock son impredecibles. En ocasiones se acomodan a los parámetros de la ortodoxia armónica de los temas, pero luego, los modifica, los altera, convierte un blues en un tema modal, o una balada popular en algo distinto, misterioso o abstracto. Su acompañamiento tras el saxo o la trompeta es una continua invitación a aventurarse mas allá. 

  
Ron Carter en el bajo es el soporte de las aventuras armónicas y rítmicas del conjunto. Rítmicamente mantiene la solidez que Paul Chambers aportaba al primer quinteto, pero añade a ello la flexibilidad necesaria para abordar los nuevos planteamientos del grupo. Por otra parte se convierte en la mano derecha de Davis por su seriedad y responsabilidad. Es Carter el que se encarga de pagar a los músicos y se convierte en el tutor del jovéncísimo batería Tony Williams, el pilar rítmico del conjunto, un genio precoz que cuenta con diecisiete años cuando se incorpora al conjunto de Davis y que, del mismo modo que Shorter hace con el saxo tenor, inventa de nuevo la batería de jazz, construyendo complejas estructuras polirrítmicas que a día de hoy nadie ha podido superar y que siguen siendo libro de texto  para todo batería de jazz. Su rítmica es apasionante, pura energía, es flexible, es el sustento y también el motor de todo lo que ocurre en el escenario. 



El repertorio y la conjura

Y luego está el repertorio, uno de los aspectos mas polémicos de estas actuaciones. Es sabido que por esta época Miles repetía, concierto tras concierto, los mismos temas, esencialmente los grandes éxitos de su primer gran quinteto de mediados y finales de los años cincuenta, con muy pocas novedades desde entonces. Es cierto que los nuevos músicos de su banda le invitaban a llevar al directo el magnífico material que venían produciendo para su grabaciones de estudio, pero Miles se resistía. Algunos han señalado que esta negativa no se debía a la comodidad de interpretar temas ya dominados, que no exigían nuevos esfuerzos frente al público en el difícil momento del directo. Carlos Sampayo afirma que esta reiteración forma parte de una especie de código que le une a la audiencia. La mera insinuación de las primeras notas de estandards como If I Were a Bell, Four, Milestones, Stella by Starlight, Autumn Leaves, Walkin', Round Midnight o So What producían un efecto de inmediata identificación con el público, aunque a continuación los temas quedan totalmente desintegrados y sirven de mera excusa para mostrar los nuevos planteamientos y avances de su música.  Solo un tema nuevo se ha incorporado al repertorio en las actuaciones del Plugged Nickel, el original de Davis, Agitation, que ya había sido grabado en estudio por el conjunto algunos meses antes para el álbum E.S.P

Sobre esta misma cuestión, Hancock relata una divertida anécdota ocurrida durante una actuación del quinteto en un club. Davis había concluido su solo y, como hacía frecuentemente, se retira del escenario y sale al exterior del club para fumar un cigarrillo. Cuando regresa al escenario y tiene que retomar el tema, se acerca a Hancock para que le recuerde el tema que estaban tocando, porque lo había olvidado. Hasta tal punto resultaba irreconocible.

Pero esa resistencia de Davis a llevar al escenario el nuevo material, subleva a los miembros de su banda deseosos de expresarse en el nuevo lenguaje, y les lleva a conjurarse, durante el viaje hacia Chicago, para alterar los viejos standards, transformándolos en algo irreconocible, moderno y desafiante para Davis, un desafío que el trompetista acepta de buen grado y al que se enfrenta con entusiasmo.


Herbie Hancock, recuerda aquella "conjura" que tuvo lugar durante el vuelo a Chicago:

"Tony (Williams), inició la conversación: tengo una idea, dijo. Toquemos anti-música. Él quería que prometiéramos que durante nuestras actuaciones en el Plugged Nickel, fuera lo que fuera lo que cualquiera esperara que tocáramos, nosotros tocarámos lo contrario. Algunos han insinuado que Tony intentaba sabotear la banda, haciendo ésto, pero lo que realmente quería sabotear era nuestro nivel de confort, para que nos abriéramos de nuevo. Era otro paso en el intento de superar nuestros límites como músicos y como banda. Cuando llegamos al club, vi que había un equipo para grabarnos. "Oh, mierda", le dije a Tony, ¿realmente quieres que hagamos eso?. No le habíamos dicho nada a Davis sobre nuestro experimento y temía que no fuéramos a sonar demasiado bien.  Pero Tony, siempre sin temor, dijo: Por supuesto, hagámoslo.... Y ¿sabes? Miles nunca dijo ni una palabra sobre aquello. Él sabia mejor que nadie que algo extraño estaba ocurriendo pero nunca nos preguntó y nunca se lo dijimos. Él siguió el rollo y estuvo brillante..."

Wayne Shorter en su biografía "Footprints", escrita junto  a Michelle Mercer, también recuerda esta conjura entre los músicos, pero va más allá sobre la trascendencia de las actuaciones en el Plugged Nickel, al afirmar que, finalmente todos estuvieron de acuerdo en sacrificar la actuación en el club de Chicago, a cambio de mejorar la música de la banda, de progresar, de ir un paso más allá. No tenían elección, en palabras de Shorter, "era tiempo de mejorar o de morir".  Así que, consideraron que aquella cita en el Plugged Nickel, era un buen momento para su experimento. También, al igual que Hancock, recuerda Wayne Shorter, que al observar que las actuaciones se iban a grabar por Columbia, el revolucionario Tony Williams, se dirigió a los otros chicos de la banda y les dijo que nadie diera marcha atrás de su "misión de sabotaje".


Shorter describe la sorpresa de Davis ante los nuevos planteamientos de la banda, pero también recuerda que, en el comienzo del segundo set, ya estaba disfrutando con el juego de la banda. Davis, siempre había guiados sus conjuntos por el principio de la meritocracia, así que las mejores ideas eran las que mandaban e incluso el líder tenía que seguirlas, pero como la técnica de Davis era todavía precaria, por su larga ausencia de los escenarios, se reacción fue dejar a los demás un espacio extra... "mucho espacio, mientras la audiencia esperaba la siguiente frase, las estaciones se sucedían, la gente se enamoraba y se desenamoraba y la propia banda vacilaba..." relata con humor Shorter, que también recuerda vívidamente su emoción por lo que estaba ocurriendo en el escenario, hasta el punto de pensar "esto es lo que significa la palabra libertad..."  

Algo asombroso

Así que la música del Plugged Nickel era algo nuevo y apasionante. Un punto de inflexión, una gran aventura que está apenas comenzando, tal y como sus protagonistas recuerdan. Un universo musical abstracto que se construye allí sobre el escenario del club de Chicago. Probablemente la banda de Davis, aquel legendario quinteto pre-eléctrico, nunca fue tan lejos en la exploración de esos nuevos parajes musicales, incluso, como se ha señalado, perdiéndose ellos mismos en la confusión de sus distorsiones armónicas y rítmicas. Tan novedosa y vanguardista resultaba la propuesta que, como recuerda Herbie Hancock,  el público estaba confundido, "sabían que estaba pasando algo, pero no sabían qué. Así que siguieron bebiendo cócteles y fumando cigarrillos y nosotros seguimos tocando y las grabadoras girando...".

De algún modo aquellas noches en el Plugged Nickel dejaron una indudable huella en la historia del jazz moderno y en la propia historia de sus protagonistas. Cuando finalmente algunas de aquellas grabaciones vieron la luz en Estados Unidos, diecisiete años después, Herbie Hancock no quiso escucharlas, aunque finalmente dos semanas más tarde, en sus propias palabras, encontró el coraje de hacerlo. Hancock define su experiencia del siguiente modo: "realmente me gustaron pero ni siquiera estoy seguro de poder explicar por qué. Podría llamarlo profundo, pero la palabra profundo para mí implica algo que es  intenso y elegante. Esto no era elegante. Era algo desnudo, hecho con agallas. Era algo crudo. Hasta este día, cuando escucho las grabaciones del Plugged Nickel, me impresiona su cruda intensidad y honestidad...".

Por su parte, para Wayne Shorter, cuando las grabaciones fueron editadas en el mercado japonés, nueve años más tarde, los músicos de la banda se asombraron de comprobar que aquella música experimental, realmente tenía sentido, que se había convertido en un vocabulario común para los combos de jazz y que Live at the Plugged Nickel, definía la verdad en el jazz para la siguiente generación de músicos.

Tal vez la mejor manera de finalizar este artículo sea recordar las palabras que Michael Cuscuna, productor de la reedición de las grabaciones del Plugged Nickel, pronunció sobre la música de este segundo gran quinteto de Davis: "Nunca se inhibieron por las estructuras, nunca se inhibieron por lo predecible.... Fueron libres de ir a donde quiera que desearan y sabían que todo el mundo les seguiría. Ése es un lujo que pocos de nosotros podremos experimentar, en el matrimonio, en la música o  en cualquier otra forma de arte o trabajo. Era y es algo asombroso..."

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