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BILL EVANS. SINCE WE MET

El periodista Gene Lees, afirmaba que, tal y como ocurre con los grandes acontecimientos históricos que nos toca vivir, la gente suele recordar el lugar y el momento exacto en el que escuchó por vez primera la música del pianista Bill Evans, como si de uno de esos grandes eventos se tratara. Y la verdad es que, al menos en mi caso, debo dar la razón al veterano periodista, puesto que recuerdo exactamente el primer disco de Bill Evans que llegó a mis manos, asi como el lugar en que ocurrió. De lo que no me cabe duda es que el disco fue "Since We Met", y también sé que su música me emocionó de tal manera, que Evans se convirtió para siempre en uno de mis músicos favoritos y que su poesía y arrebatador lirismo, enriqueció definitivamente mis propias experiencias vitales.

En aquella época, poco sabía sobre Bill Evans, aunque había escuchado algunas de sus grabaciones con el sexteto de Miles Davis en el año 1958. Mucho menos sabía sobre el club neoyorquino Village Vanguard, donde el disco había sido grabado en enero del año 1974, ni sobre los acompañantes de Evans, el bajista Eddie Gomez y el batería Marty Morell.


Hoy sé algunas cosas más que me gustaría compartir con vosotros. Sé que el club Village Vanguard, regentado en aquellos entonces por Max Gordon, era y es una de las mecas del jazz moderno y que Bill Evans se encontraba tan ligado al club, que lo llamaba "su casa". Allí tocaba durante largos períodos, al menos cuatro o cinco veces al año y también allí había despegado definitivamente su carrera, con la grabación de las históricas sesiones del año 1961 al lado del bajista Scott La Faro y el bateria Paul Motian. La repentina muerte del bajista, pocos días después de aquellos registros, daría al traste con una de las más prometedoras formaciones musicales de la época y sumiría a Evans en una profunda depresión que tardaría meses en superar. Hacia la fecha de grabación de "Since We Met" y a sugerencia del pianista, Max Gordon, había adquirido para su club, un nuevo piano Yamaha y había colocado tras él, una gran foto de Evans. Todo un símbolo.

Pero en el año 1974, las cosas iban bien para Evans. Disfrutaba de un merecido reconocimiento por el público del mundo entero y sus discos se vendían bien. Un nuevo contrato, formalizado por su incansable representante Helen Keane con Fantasy Records, auguraba nuevos éxitos artísticos y comerciales, que se habían iniciado en 1973 con la triunfal aparición del trio de Evans en Tokyo, cuya grabación para Fantasy obtuvo un premio Grammy. Por otra parte había abandonado su adicción a la heroína y aún no había comenzado aquella otra oscura etapa de adicción a la cocaína que, a la postre, contribuiría a acabar con su vida algunos años después. Su trio con el bajista Eddie Gomez y el batería Marty Morell, después de casi ocho años de existencia había alcanzado un extraordinario nivel creativo y aquella compenetración casi espiritual que caracterizaba a las formaciones de Evans, que tiene su origen en una revolucionaria concepción del trio de jazz que muchos, con escaso éxito,  han intentado imitar.  


También este disco nos permite introducirnos en otro aspecto, probablemente tangencial, pero destacable, de la mente sensible y lírica de Evans, porque el pianista era un artista en nombrar sus temas con los más hermosos y evocadores títulos, de tal manera que el nombre de los temas evoca de forma inmediata la belleza de la música que estás a punto de disfrutar o, al contrario, al escuchar la melodía imaginas la historia que está contando sin palabras. Temas como "Since We Met", dedicado a su nueva esposa Nenette o "Time Remembered", contenidos en este álbum, son ejemplos de este fenómeno. Pero otros muchos temas del pianista completan este panorama de poesía musical y literaria: "The Two Lonely People", "Remembering The Rain", "I Will Say Goodbye", "We Will Meet Again" o la que tal vez fue su última composición, "Your Story". Hermosos títulos para la música más bella.

"Since We Met", y su disco gemelo "Re: Person I Knew", que contiene material adicional de las mismas actuaciones, nos muestran a Bill Evans en uno de los mejores momentos de su carrera, confiado y cada vez más consciente de su propia estatura artística. En este periodo, Evans incorpora cada vez más a su repertorio, sus propias composiciones, elevadas hoy en día a la categoría de clásicos. Piezas inolvidables en las que técnica y poesía se conjugan en perfecta armonía. Por su parte, el bajista Eddie Gómez exhibe el fruto de su evolución de varios años al lado de Evans, erigiéndose en ocasiones, como el verdadero motor del conjunto.

La música de Evans, descubre en "Since We Met", al igual que en el resto de sus grabaciones de la época, su habitual complejidad técnica, sofistificación, un exuberante torrente de juegos armónicos e intrincadas improvisaciones, pero, como se ha dicho, toda esa técnica y aparente complejidad, no tuvo en Evans una finalidad exhibicionista, sino que siempre se encontró al servicio del lirismo y la poesía que constituían la esencia de su propuesta musical.

En definitiva, de Bill Evans podría decirse lo que Ruy Castro dijo en una ocasión sobre Antonio Carlos Jobim, otro poeta de la música: Cada vez que tocaba el piano, el mundo mejoraba. Por unos pocos minutos se transformaba en un lugar mas armónico, melódico y poético. Incluso las desgracias parecían menores porque en aquel momento había un hombre dedicándose a producir belleza. Lo que resultara de su gesto de abrir el piano – una nota, un acorde, una canción – venía tan cargado de excelencia sensibilidad y sabiduría que, expuestos a su creación, todos nosotros, sus oyentes, también mejorábamos como seres humanos.

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